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Europa
 

Desde mediados del siglo XVII y acompañado por el surgimiento del llamado “Estado Moderno”, tanto por la magnitud de su prosperidad como por su recurrente conflictividad, tanto por acción como omisión, Europa ha sido el indiscutido epicentro de los asuntos políticos internacionales. “Prosperidad” y “conflictividad” han sido dos características clave que acompañaron la expansión global de la Sociedad Europea durante los siglos XVII y XVIII, y que dejaron su imborrable impronta en todos los confines del planeta. Como corolario principal, Europa ha moldeado a su imagen (cultural e histórica) gran parte del mundo en el que hoy vivimos.

A cada etapa de sus procesos de expansión le han seguido, a su vez, sendos procesos de contracción y consolidación cultural, política y económica —tómense como ejemplo, acaso, los ciclos de colonización europea en África—. Así se ha dado durante un largo período de tiempo y que culmina con el advenimiento de dos grandes guerras, europeas en carácter, pero globales en magnitud. A la luz de los acontecimientos posteriores, pareciera ser que desde estos dos episodios de comienzos del siglo XX, las principales potencias europeas —Francia, Gran Bretaña, Alemania y hasta tal vez Rusia, hasta 1991—, hubieran desperdiciado su última gran etapa de expansión al traducirla en una autodestrucción de proporciones fenomenales y con consecuencias muy duraderas. Esta última etapa, siendo precedida por una gran contracción y consolidación, que se puede evidenciar naturalmente durante el período bipolar de “Guerra Fría” (1945/47‐1989/91), dejó a Europa relegada de forma económica y política del resto de las potencias y, muy por sobre todo, prácticamente incapaz de garantizar su propia seguridad de manera autónoma. Esta incapacidad, asimismo, lejos de encontrar solución con el fin de la bipolaridad, se vio acentuada por una enorme brecha tecnológico-militar que separaría de allí en más a los Estados Unidos de América (EUA), la superpotencia remanente, del resto de las naciones. Así es que muchos confluyen en caracterizar al actual escenario internacional primariamente como unipolar, sobre todo en términos militares. Sin embargo, erguido frente a este “momento unipolar”, la atención vuelve a centrarse en un puñado de potencias ascendentes como China, India, Rusia, Japón, y al cual debe incorporarse también “el núcleo de Europa”: Francia, Reino Unido y Alemania. Sobre todo, este último grupo de países es el que bajo un marco nuevo y novedoso —la Unión Europea (UE)—, emerge como un “nuevo Viejo Continente”, alejado ahora de su conflictividad crónica y netamente abocado a la prosperidad.

Desde una perspectiva histórica, la gran tendencia geoestratégica del siglo XX ha sido, indudablemente, la migración del epicentro del poder mundial desde Europa hacia los Estados Unidos. Esta historia es consecuencia directa de la conflictividad europea, de treinta años de guerra fraticida y de dos guerras mundiales en Europa, que hicieron mermar su preponderancia histórica internacional, sus imperios y su posición dominante en el centro del sistema internacional. Los Estados Unidos y Rusia, los sucesores momentáneos como superpotencias mundiales, se enfrascaron en una guerra planetaria en donde Europa, en tanto aliada de los Estados Unidos, permaneció en las sombras de la política mundial como un actor subordinado. No obstante, desde el colapso de este viejo contexto a fines del siglo XX, Europa, cuna de Occidente, reconstruida y reunificada, ha transitado un original y exitoso camino de integración que como subproducto ha dado vida a un nuevo tipo de actor internacional. Así también, con el fin de la Guerra Fría, el futuro rol de Europa en las RI ha sido puesto en duda. ¿Continuará apoyando la hegemonía norteamericana como su socio menor? ¿Puede convertirse en una fuente de poder alternativa y de atracción en un mundo crecientemente multipolar, y tal vez incluso llegar a desafiar a Estados Unidos en tanto una “potencia civil”? ¿O se volverá Europa una “superpotencia” en su propio derecho? ¿Cuál será, en suma, su rol en el Nuevo equilibrio del orden global? Estas y otras preguntas intentan ser algunas de las preocupaciones principales que guíen la investigación dentro de este espacio diseñado por el Centro Argentino de Estudios Internacionales.

 
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